A los 14 años monté un grupo con dos amigos. Ensayábamos en la sala de música del cole, que tenía un nombre tan épico como nuestras ganas de tocar: La Seráfica. Pasábamos horas ahí dentro, dándole a la guitarra, cantando, probando cosas nuevas. Pero no me bastaba con interpretar, necesitaba componer.
Así que me pasaba tardes enteras en el salón de mi casa, escribiendo canciones para que las tocáramos juntos. No sé cuántas veces repetí la misma melodía, cuántas frases taché antes de dar con la buena. Pero sí sé que, desde entonces, no he dejado de hacerlo.
Para mí, componer es una de las mejores formas de comunicarme. Algunas canciones son historias nuevas, otras son recuerdos hechos música. Pero todas llevan algo de mí dentro.
Quiero compartirlas contigo. Aquí tienes algunos videoclips y mi canal de Spotify. Escúchalas, siéntelas, hazlas tuyas. Porque al final, la música no es solo del que la canta, sino del que la escucha. 🎧🎤🔥


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